¿Por qué creamos BPT? Porque es como nos hubiera gustado a nosotros que nos enseñaran.

Siempre recordaré a un profesor que tuve en EGB. Se llamaba Álvaro y daba clase de ciencias. Era un buen tipo, pero lo último que deseaba era enseñar. Su vida estaba ya en modo “tira palante y no te preocupes de na”.

Todos los días al llegar a clase sacaba un cuaderno que debía tener 20 años. Con las hojas amarillentas por el paso del tiempo y la tinta casi desaparecida. Era como una reliquia. Como el diario de Indiana Jones en la Última Cruzada.

Se sentaba en el borde de la mesa, esperaba a que nos calláramos, daba igual que tardáramos 2 o 20 minutos, y empezaba a leer. Con voz casina, leve, ajada por el paso del tiempo, sin una pizca de emoción o entusiasmo.

Así es imposible aprender. Si a él no le interesaba, si él no ponía pasión, cómo nos la podía pedir a nosotros.

 

Educación del siglo pasado.

Seguimos educando a las futuras generaciones igual que a mediados del siglo pasado. Desde entonces ha cambiado todo; la sociedad, las relaciones, los derechos, el mundo laboral, la comunicación, el entretenimiento, la tecnología, la ciencia, las necesidades… Ha cambiado todo excepto la educación.

Estamos educando a los niños para una sociedad que ya no existe y a los mayores para unas profesiones y unos métodos de trabajo que muy pronto dejarán de existir. Y cuando llegue el momento de poner en práctica todo lo que han aprendido descubrirán que de poco o de nada les sirve y nos maldecirán, con toda la razón.

 

Ha llegado el momento del cambio.

Dice la Universidad de Harvard que “los niños aprenden más y mejor cuando se divierten”. Y esto es extrapolable al aprendizaje en cualquier edad. Entonces, ¿por qué seguimos haciendo la educación aburrida si sabemos que no es un buen método?

Cuando terminé el colegio me aficioné a todas aquellas cosas que había aborrecido en el colegio: la historia, las ciencias, las matemáticas… Cuando daba con una web, un video, un libro o cualquier elemento que hablara de estos temas de forma amena, lo devoraba. Y lo aprendía. Y quería saber más. E investigaba. Y aprendía más todavía.

La diversión era la parte fundamental de mi aprendizaje.

Diversión y aprendizaje para niños.

De esta forma empezamos a crear una herramienta para descubrir, conocer, disfrutar y aprender historia y ciencias tal y como a nosotros nos hubiera gustado que nos la dieran en el colegio: en forma de cuento, en forma de aventura, en forma de entretenimiento.

La extinción de los dinosaurios, la construcción de las pirámides, el viaje a la Luna, el descubrimiento de América, del Polo Sur, Mozart, Marie Curie, el Imperio Inca…

Narradas en forma de aventura, ilustradas por grandes artistas, con animaciones, sonidos, preguntas y respuestas, en diferentes idiomas, locutadas por actrices profesionales…

Desde este momento aprender ciencias e historia, se convertía en un juego de niños.

 

Dos enseñanzas que saqué de este episodio:

1. Si quien enseña no pone pasión en lo que hace, es imposible que quien tiene que aprender lo haga. La pasión se transmite, e inspira.

2. No hay materias aburridas sino formas de enseñar aburridas. Un buen ejemplo son los bloggers como Jordi Pereyra de “Ciencia de Sofá” que enseña temas como la materia oscura o la mecánica cuántica y tienen miles y miles de visitas. Enseñan de forma amena y entretenida. Aprendamos de ellos.

 

¿Qué te voy a contar el próximo día?

Ya estábamos en la calle, existíamos, pero nadie nos conocía. Hasta que entramos en Factoría Cultural Madrid, un punto de inflexión con muchos matices.

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