Papá quiero un dinosaurio. Vivo.

Lo mejor de trabajar para niños son los niños. Nunca sabes por dónde pueden salir. Y casi siempre salen por donde menos lo esperas.

Teníamos ya un puñado de historias pero debíamos comprobar no solo que eran aptas para los niños sino que además les enganchaban, les gustaban y despertaban en ellos el gusanillo de aprender. Así que llegó el momento del testeo con esas inocentes y adorables criaturas que son los niños.

 

Que no te engañen: los borrachos SÍ mienten, los niños NO.

He visto a muchos borrachos mentir, o al menos exagerar mucho, pero los niños son un pozo de sinceridad sin fondo. No les ha dado tiempo a entrenar la “Cara de Poker” y en ella se leen muchas cosas. Casi todas. Pero además suelen acompañarlo con expresiones y opiniones muy directas.

Ana, la logopeda infantil que probaba los cuentos, acababa de terminar de leer “La extinción de los dinosaurios” a Marco, un niño de 6 años. Él, siempre muy hablador, se había mantenido en silencio durante toda la narración. Algo extraño. Y se mantuvo así unos segundos más. Estaba analizando la situación y por fin se lanzó a preguntar. Solo dos preguntas. Suficiente para saber qué le había parecido la historia.

Marco: Si el meteorito no hubiera matado a los dinosaurios, ¿podría yo tener uno en casa en vez de a Gotxon (su perro)?

Ana le explicó algunas incompatibilidades de su propuesta, como que si los dinosaurios no se hubieran extinguido probablemente los mamíferos no hubiéramos tenido nuestra oportunidad. Pero él siguió a la carga.

Marco: Le voy a decir a mi padre que me compre un dinosaurio. Vivo. Seguro que puede hacerlo. ¡Yo quiero un dinosaurio!

 

Prueba superada.

Los niños disfrutaban con los cuentos, les entretenían, querían saber más sobre las situaciones narradas y sin darse cuenta estaban aprendiendo historia y ciencia de una manera mucho más amena que en el colegio. Habíamos acertado. Ese era el camino. Ahora tocaba enseñárselo al mundo. Pero el mundo es muy grande y nosotros muy pequeños. ¿Por dónde empezar?

Había que poner el cerebro en modo Marketing Digital.

 

 

Dos enseñanzas que saqué de este episodio:

1. Una idea no se puede testear de forma fidedigna hasta que no tienes un producto que enseñar, que la gente pueda ver, tocar, juzgar… Para crearlo tienes que invertir y puede que sea a fondo perdido, pero sin ese paso tu idea siempre será solo eso, una idea.

2. Aprender es una necesidad del Ser Humano. Aprendemos desde el útero y no deberíamos dejar de hacerlo nunca. Pero el aprendizaje requiere de motivación, más con los niños que se dispersan con el vuelo de una mosca. Haz que les guste, haz que les entretenga y serán ellos los que quieran aprender.

 

¿Qué te voy a contar el próximo día?

Por qué creamos BPT. Porque es como nos hubiera gustado a nosotros que nos educaran. Porque de esta forma nuestra infancia hubiera sido diferente. Mejor.

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