Me tiro a la piscina, aunque sea invierno.

El invierno visto como estación no es bueno para meterse en la piscina, pero el invierno financiero que vivía España a principios de 2013 era helador. No daban ganas ni de asomarse.

Pero por otro lado mi año sabático, del que un día os hablaré, tocaba a su fin. Había recorrido varios países de diferentes continentes, escrito 4 libros y justo cuando tocaba decidir hacia dónde enfocaba mi carrera tenía una idea que me ilusionaba y que, al parecer, ilusionaba a mucha otra gente.

 

Ninguna idea es buena hasta que el resto cree que lo es.

Soy partidario de contar las ideas siempre, al máximo de personas posible. La gente tiene ya bastante con sus vidas como para copiar tu última ocurrencia. Pero les encanta opinar. Y en cuanto preguntes tendrás más de lo que esperabas. Para bien o para mal.

Y eso hice. Y obtuve muchas respuestas. Y la mayoría decían: “con ese bañador el agua de la piscina va a estar riquísima”. Así que me metí. Y menos mal que soy vasco…

 

El mundo es muy grande y yo muy pequeño.

La frase la he utilizado como metáfora, pero es 100% cierta. Soy un vasco bajito y robusto. Con carácter. Un poco burro. Y echado para adelante. Lo cual me vino bien para los comienzos.

Transformar la historia en cuentos para niños es apasionante; leer, ver documentales, imaginar a los personajes en acción, los lugares que descubrían, sus aventuras… Pero de ahí a tener un producto certificado como educativo, que pudiera ofrecerse como una App en los principales mercados del mundo y que los niños lo disfruten, hay un trecho muy grande.

Hay que aprender por el camino, darse muchos golpes y encontrar respuestas variadas para una pregunta que se repite mucho: “¿Y ahora qué cojones hago?” (perdón por la expresión pero la pregunta siempre te asalta así).

 

Educándome para educar.

Lo de “nunca te acostarás sin saber una cosa más” a mi se me quedó cortísimo. Necesitaba acostarme con 6 o 7 cosas nuevas aprendidas cada día, y si algún día podía echar la siesta, ahí también debía llevarme algo aprendido.

Entre otras cosas aprendí un método para crear startups: el Método Lean. Y seguí su norma número uno, antes de nada un Mínimo Producto Viable, del que ahora hablo mucho en mis clases.

 

Encontré grandes ilustradores que me ayudaron con su trabajo, su apoyo y su increíble forma de entender la vida: Curro, Macus, Dune, Óscar, Juan y Marina, una logopeda y una profesora infantil: Ana y Patricia. Y un programador del que no diré su nombre por si los inspectores de Hacienda también leen estas cosas, y creamos el MPV, o dicho de otra manera, una App con 6 cuentos educativos que transformaban los mejores momentos de la historia de la Tierra y el Ser Humano en aventuras para niños. Apple lo aceptó y seguramente el siguiente paso era hacerse rico.

 

Dos enseñanzas que saqué de este episodio:

1. Si tienes una idea cuéntasela a todo aquel que quiera escucharte. Es la mejor forma de aprender y de descubrir errores y oportunidades.

2. El emprendedor nace y se hace. Antes de tirarte a la piscina estate seguro no solo de que sabes nadar sino que tiene ganas y fuerza para estar nadando mucho tiempo y seguramente a contracorriente. Y asume que vas a estar teniendo que innovar y aprender cada minuto de tu vida hasta que lo dejes o desfallezcas.

 

¿Qué te voy a contar el próximo día?

La historia del niño que por mi culpa quería tener un dinosaurio de mascota. O cómo la Educación sin control, no sirve de nada (si no has cogido el doble sentido es porque eres muy joven, es un claim clásico de la marca de neumáticos Pirelli. De allá por los 90. Supongo que esto me otorga un par de canas nuevas).

Escribe tu mail abajo y serás el primero en enterarte, que será en solo unos días. Y si quieres decirme algo, te espero en los comentarios.

Hasta la semana que viene.

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