Mal criado, buen criador

En el colegio fui un pequeño desastre. En las evaluaciones buenas me solía caer un carro de suspensos y en las evaluaciones malas aprobaba gimnasia, recreo y autobús (ésta última porque solía escaparme e ir andando al cole).

Tanto suspenso me hizo pensar que igual era un poco tonto (como se decía en aquella época) hasta que un día el psicólogo del colegio nos hizo un test que duró dos días enteros y pasé de un poco tonto, a un sinvergüenza de tomo y lomo (como se decía, insisto, en aquella época).

 

Preguntar a los niños y que no te importe la respuesta.

Al entrar en el despacho del psicólogo, un ser muy alto, delgado, de pelo cano y muy enigmático, éste revisaba unos papeles. Mis papeles. Y enseguida se dirigió a mi.

Psicólogo: -Veo que eres un chico brillante.

Yo: -¿Por qué? (siempre he preguntado por qué a todo, soy un pesado).

P: -Has dado una de las puntuaciones más altas del curso en el test de inteligencia.

Y: -No le hagas mucho caso a eso. Lo hice rápido para poder salir antes al patio a jugar a fútbol.

P: -(Bajó los papeles y me miró fijamente). Pues es lo que dicen los resultados. ¿Qué tal las notas? (faltaban unos días para las evaluaciones finales de junio).

Y: -Mal. Voy a suspender casi todo y te digo ya que no creo que en 3 meses de verano me dé por hacer lo que no he hecho en 9 meses de invierno.

P: -Si no lo haces es porque no quieres.

Y: -En eso te doy la razón.

P: -¿Y por qué no quieres?

Y: -Porque nada de lo que me cuentan en clase me interesa.

Ese año no solo repetí si no que intentaron echarme del colegio, les bajaría la media si llegaba a COU. En mi colegio, como en tantos otros, querían buenos estudiantes que vinieran programados de casa. Si tenían que programarte ellos, fuera, que niños robots hay suficientes como para llenar las aulas incluso del colegio más grande de la ciudad.

 

21 años después, volviendo al colegio.

En la universidad aprobé todo y en las asignaturas de mi especialidad con muy buenas notas. Y aquello de lo que había pasado en el colegio: historia, ciencias, matemáticas… Se habían convertido en hobbies para mi. Entonces, ¿el problema era yo o los profesores tenían algo de culpa en que no me interesara?

La respuesta correcta, siempre desde mi punto de vista, era la segunda. La información que se da en el colegio es muy interesante, si te la cuentan de forma interesante. Si te dicen: “abrir el libro por la página 59 y empezar a leer” disparan en la nuca a la magia de descubrir cosas.

 

La clave del cambio estaba ahí.

Mi sobrina de 2 años me había abierto los ojos de las nuevas generaciones. Teníamos que crear algo que se utilizara en las tabletas y que de una forma absolutamente entretenida para los niños les enseñara los temas que se estudian en el colegio de forma tediosa.

Las matemáticas y el lenguaje requieren de ejercicios para dominarlos. Pero la historia y las ciencias se pueden enseñar siguiendo un guión, pero un guión para niños, adaptado a sus necesidades y sus gustos.

Los viajes de Gulliver son maravillosos, pero los viajes de Colón, la carrera por alcanzar el Polo Sur, la construcción de las pirámides o la vida de los dinosaurios pueden ser tan entretenidas o más y encima los niños estarán aprendiendo cosas que su cultura general agradecerá antes o después.

Lo tenía. Apps interactivas para niños con las que aprender las cosas que en el colegio les enseñan de forma aburrida, que aprenden de memoria y en poco tiempo han olvidado. Pero nuestras historias las iban a recordar. Sabía cómo tenía que hacerlo. Había un truco.

 

Dos enseñanzas que saqué de este episodio:

1. Aprender no es cuestión de aPtitud sino de aCtitud. La mayoría de las personas, combinando los diferentes tipos de inteligencia, nos movemos en unos rangos muy similares. La diferencia está en si quieres hacerlo o no quieres hacerlo. Así que depende de ti y de cómo se esmeren en enseñarte.

2. La educación debe ir ligada al entretenimiento. No lo digo yo, lo dice la Universidad de Harvard: “Los niños aprenden más y mejor cuando se divierten”. Y esto es extrapolable a todo el mundo. Así que lo debía aplicar a los niños y a los mayores.

ebooks educativos para niños

¿Qué te voy a contar el próximo día?

Sabía qué tenía que hacer y cómo tenía que hacerlo, pero faltaba un detalle que iba a ser lo que hiciera a nuestra educación única. Solo había que fijarse en los niños y ver lo que les gustaba. Y fue lo que hice.

Escribe tu mail abajo y serás el primero en enterarte, que será en solo unos días. Y si quieres decirme algo, te espero en los comentarios.

Hasta la semana que viene.

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